Thursday, May 24, 2018

RESEÑA REUNIÓN DE LA MEJORADA, MAYO 2018


Termina la mañana con una extraña embriaguez de nostalgia y de vino. Sí, de vino tinto. Y eso que apenas, al menos hasta el momento de la cata, no hemos probado una gota. Muchos de los compañeros que aquí, en La Mejorada, pasaron -según narran- algunos de los mejores años de su vida, y no es de extrañar dada la belleza del paraje, se reencuentran con sus años mozos en este espacio infinito de viñedos y pinares. Han regresado, por unas horas, a su casa. A la patria de sus recuerdos infantiles, casi rozando la adolescencia. Era, literalmente, otro mundo. Otra historia. Mediados de los cincuenta, alguno quizá rozó el cambio de década precedente. [ÁLBUM FOTOGRÁFICO]

Aquí estamos. Tras décadas acariciando, como oro en paño, los recuerdos deshilachados de la memoria cada vez más menguante. La de todos. Incluso las de aquellos que sólo vinimos en alguna ocasión puntual. Algún verano de paso. Aunque, lo cierto, es que de paso estuvimos todos. Así que, entre los etéreos recuerdos de la época, tan en blanco y negro, algunos son imborrables. Se solapan con el apabullante colorido de la primavera castellana. Donde estuvo la sacrosanta capilla, ahora, 156 cubas de roble francés (sí, sus características, sus invisibles poros de madera endurecida, son muy diversos de las del roble americano, aunque también más caras) ofrecen un reposado lecho a los caldos delicados, tratados con exquisito gusto en el largo ciclo de cosecha y envejecimiento, de este “terroir” de vinos. ¡Cuán lejos quedan aquellos racimos arrancados a hurtadillas, olvidados en las parras por los viñadores de hace seis décadas!

“Claro, misa todos los días y rosario todas las tardes”, exclaman al unísono varios veteranos de aquellos interminables rituales litúrgicos del internado. Nuestra excelente guía estaba plenamente convencida que los internos sólo asistían a la celebración eucarística los domingos y fiestas de guardar. Por entre los carrales alguno proclama, a media voz, que con las obligaciones de aquella época ya cumplió con todas las que debieran corresponderle para el resto de su dilatada vida.

La mañana, no es para nada una exageración, resulta esplendorosa. Los edificios que muchos recuerdan con tozuda nitidez desde su época adolescente permanecen inmutables, son los mismos de hace más de medio siglo. Más bien, quizá sólo lo parezcan. Entre medias, han pasado por no pocas desaventuras, abandono, cuando no expolio, hasta que la varita mágica de Rafael Moneo les ha tocado con la exquisitez y elegancia de lo que es capaz uno de los más grandes arquitectos españoles del último medio siglo. ¡Por fortuna para las propias instalaciones y nuestras frágiles memorias!

El prestigioso arquitecto ha preservado, tocando lo mínimo, aquellas partes que eran recuperables. De hecho, los tapiales, algunas paredes desconchadas, el palomar conservan todavía un cierto aire de decadencia, dejado, por supuesto, a propósito. Conservar sin evitar el paso de los años y las inclemencias de la llanura vallisoletana.

Por el contrario, los cambios son mucho más visibles, en las secciones que ahora cumplen sus nuevas funciones de bodega pionera (ecológica, pero sin etiquetas, vino de calidad, pero sin denominación de origen). Todo parece increíblemente nuevo. Todo parece extraordinariamente viejo.

Hasta los caminos que entonces parecían tan fáciles de recorrer tras los galgos de caza, camino del río Adaja, se han vuelto, con el paso de los años y de los recuerdos, algo laberínticos. Así que mientras algunos tienen que rehacer la ruta, perdidos entre los pinares, otros esperan impacientemente a la sombra de los viejos cipreses. Las viñas, bien entrada la primavera de Olmedo, en esta mañana soleada, comienzan a estar frondosas. Aunque no tanto como para que no se adviertan, todavía, los retorcidos troncos de la garnacha, Merlot y otras esotéricas variedades.

La gran mayoría de los presentes, más cerca de los setenta que de los sesenta, eso siendo generosos, se fueron -hacia 1956- de estos edificios centenarios a disfrutar de las novísimas funcionalidades que ofrecía el flamante colegio de Arcas Reales. Lo que pasó en los años siguientes y en los siglos anteriores nos lo detalla, con minuciosidad nuestra guía Paloma. Que habla con tanta intensidad de las cualidades órgano.. órgano… organolépticas del vino como de las peculiaridades arquitectónicas de la capilla mudéjar. Sí, la cabeza del comunero Padilla fue enterrada aquí. O quizá no. Quién sabe. Acaso bajo la mullida alfombra de lavanda que perfuma los esfuerzos de Fernando de Antequera para construir el panteón o lo saqueos de los gabachos para expoliar todo lo expoliable.

Con certeza, lo que sí queda, al menos su zócalo y sus cimientos, es la piscina. Algunos compañeros parecen algo desencantados de que la piscina fue, con los jerónimos, una modesta piscifactoría con la que suministrar el pescado de los ayunos cuaresmales. Unos cubos de granito colocados estratégicamente sobre el suelo, marcan las dimensiones del ábside y la nave de la iglesia inexistente ya en la época del internado dominicano. Así que pocas novedades.

Las transformaciones vienen cuando nos adentramos en el edificio principal. Lo que era un jardín y espacio de recreo se ha convertido en un claustro, de columnas, casi pilares, funcionales. Restauración, sin grandes alharacas ni añadidos. La sala de juegos cubierta se ha mudado en dormitorio de vinos. Jaulas con miles de botellas donde descansa el caldo extraído de las cubas, tras un proceso tan refinado como artesanal.

Después, lo que era comedor y un segundo piso que hacía de salón de estudios, se ha convertido en una única nave, completamente transparente, que alberga la veintena de cubas de acero inoxidable donde el zumo de la uva da sus primeros pasos antes de convertirse en alcohol en un procedimiento extraordinariamente complejo. La visita termina con una cata en la excelentemente restaurada Sala de Peregrinos (que otrora fue… patatera).

En este lindo espacio, Moneo ha recuperado las bovedillas de ladrillo y las vigas que hacían de separación entre los habitáculos usados por los huéspedes (comerciantes, peregrinos, pastores de la Mesta), tras degustar los tres caldos que la Bodega La Mejorada comercializa, celebramos, en “petit comité”, nuestra Asamblea Anual.

Para empezar, se refrenda la propuesta de la Junta Directiva, por boca del vicepresidente, Luciano López, y nuestro compañero Teodoro Martín es el nuevo presidente de la Asociación. Valentín Saiz, como tesorero, explica la situación económica, mientras que Ignacio Cóbreces hace un resumen de las actividades del año pasado. [MÁS DETALLES]

Se presenta el proyecto solidario de la Asociación para el presente ejercicio que será el apoyo financiero a una casa de acogida de las dominicas de Mérida, Venezuela, para personas de la calle [MÁS DETALLES]. Al estilo de lo que se consiguió el año pasado con la Escuela de Hatudo, en Timor Oriental. [MÁS DETALLES]

Se discute y se confirman algunos objetivos para 2018. Lo primero, celebrar una reunión en Barcelona, para confraternizar con los numerosos compañeros que siguen en la Ciudad Condal.

En segundo lugar, hacer un esfuerzo especial para propiciar e impulsar una llamada a la unidad de todos los antiguos alumnos. Aunque hay varios cursos que se reúnen, debido a su afinidad, de manera periódica según su propia iniciativa, proponerles a los diferentes organizadores el que, al menos, una vez cada tres años, se celebre una reunión general de todos los compañeros. Se considera que el marco fraternal y amistoso que ofrece la reunión general de la Asociación no empece, lo más mínimo, una confraternización global entre los diferentes cursos, aunque ni siquiera se haya coincidido en el internado. Antes bien, esta reunión global sería beneficiosa para todos.

El tercer asunto, la siempre debatida y complicada continuidad de la Asociación por la falta de socios jóvenes. Para ello, se intentará, una vez más, explorar las posibilidades de conectar con las nuevas generaciones de Arcas Reales.

El cuarto asunto, fomentar la edición y eventual publicación de un libro de memorias colectivo donde todos aquellos que lo deseen puedan plasmar con su experiencia y buena memoria cualquier aspecto relacionado con su vida, en la modalidad y la época que fuere, dentro del internado, noviciado, filosofado o teologado. Sobre este asunto, en breve se circulará un comunicado más específico.

El quinto y último propósito consiste en ofrecer, de manera formal, mediante una carta al Vicario Provincial de España, los servicios de la Asociación en cuanto tal y de aquellos miembros que lo deseen a fin de que, de manera totalmente voluntaria, la Provincia pueda disponer, si así lo estimara oportuno, de un listado con las especialidades y conocimientos de los que son portadores los centenares de Antiguos Alumnos en decenas de profesiones y lugares.

La reunión terminó en el restaurante La Cueva de Fabia (por cierto, propiedad de un antiguo compañero), en el mismo Olmedo.

Para el próximo encuentro, en 2019, se propuso, salvo que las circunstancias lo impidan, celebrarlo en el Convento de San Pedro Mártir, Alcobendas.



Wednesday, May 2, 2018

PROYECTO SOLIDARIO 2018: SAN MARTÍN DE PORRES (VENEZUELA): UN LUGAR DE ACOGIDA Y COMPASIÓN PARA LAS PERSONAS DE LA CALLE


Desde hace catorce años, las Hermanas Dominicas Santa Rosa de Lima gestionan la Fundación San Martín de Porres, ubicada en la Avenida 2 entre calle 12 y 13 Sector Milla, Estado Mérida en Venezuela pone todo su empeño y compasión en atender a decenas de personas que viven en la miseria, más si cabe con la actual y dramática situación político social por la que atraviesa Venezuela.

La Fundación, con unos recursos extremadamente limitados, cuida de personas de avanzada edad, ayuda a indigentes que viven en la calle, apoya a madres solteras extremadamente pobres con sus hijos pequeños. Obviamente no poseen ingresos, ni empleo y muchos de ellos carecen de familia, de hogar.

Este grupo de personas a los que se socorre fluctúa, habiendo momentos en los que alcanza a los 150 individuos. Además, se ayuda a personas muy necesitadas que vienen temporalmente de pueblos muy alejados de a la ciudad y se acercan en búsqueda de un lugar de acogida y misericordia para disminuir sus miserias.

La Fundación San Martín ofrece un espacio con comedor, para brindar alimento dos veces al día, servicio de aseo personal, taller de manualidades, recreación, atención médica, consuelo de la Palabra de Dios, atención espiritual, escucha y orientación, enseñanzas y actividades culturales.

La mayoría de estas personas tienen problemas de salud psicológica, desnutrición, diabetes, enfermedades físicas y psíquicas, depresión, alcoholismo y drogadicción. Aquí se les acoge, orienta y evangeliza y en ocasiones se logra que los enfermos se recuperen, se sientan útiles y se integren a la familia y la sociedad.

Es significativo resaltar que la Fundación San Martín ha sido estímulo para el compromiso misericordioso de Hermanas y Laicos de la Congregación Santa Rosa de Lima y de las parroquias de la ciudad que se han movido a dar una respuesta siguiendo el llamado de Dios a optar por el más pobre, en esta obra.

Es decir, ha llevado a muchas hombres y mujeres como profesores, médicos, obreros a comprometerse con el sufrimiento del más pobre. Distintos grupos de escuelas, universidades entre otras organizaciones se han sensibilizado y movido a buscar soluciones, a dar de su tiempo, a aprender a atender al enfermo, al necesitado impulsándolo a valorar su dignidad de persona, de hijo de Dios.

En la Fundación San Martin de Porres se continúa sirviendo con entusiasmo y dedicación. Sin embargo, actualmente la Fundación se encuentra con limitaciones y obstáculos propios de la profunda crisis económica que atraviesa Venezuela. Al principio de la misión había muchas personas voluntarias que donaban dinero, alimentos, medicinas y ropa entre otros recursos necesarios para ejecutar la gestión.

Pero ahora la escasez general que se vive ha empobrecido aceleradamente a la gente sin excepción y las donaciones han disminuido, en su cantidad y frecuencia y ello limita el servicio que brinda la Fundación San Martín. Además, es urgente adecuar las instalaciones para ofrecer un espacio que pueda brindar mayor humanidad.  

La Asociación de Antiguos Alumnos de la Provincia del Santo Rosario, en cooperación con la revista Amanecer, propondrá este proyecto como su proyecto de cooperación y solidaridad para 2018, con el ánimo de colaborar con la Fundación considerando la necesidad que tienen de apoyo y sabiendo que por pequeña que sea la aportación será muy importante.

Atender a decenas de personas conlleva, pese a todo unos costos -para los estándares occidentales- muy pequeños que se sitúan en torno a los 928 euros mensuales.


Costo mensual  en dólares para que la Fundación San Martin de Porres pueda continuar prestando sus servicios.
CONCEPTO
CANTIDAD EN DOLARES ($)
Medicinas
11,00
Alimentación
                                1.018,00
Servicios
9,50
Personal
14,00
Mantenimiento
51,5
Total
                               1.106,00

Es decir que si entre los miembros de la Asociación y otros donantes que lleguen a través de la revista AMANECER somos capaces de financiar el funcionamiento durante dos meses, habremos alcanzado un objetivo razonable y sobre todo solidario.

Si la Junta Directiva aprobara esta propuesta, el beneficio sobrante de las cuotas de la Asociación será donado a la Fundación San Martín de Porres. No obstante, si alguien quiere colaborar de manera particular con este proyecto puede enviar su aportación a la cuenta habitual de la Asociación señalando en el concepto la palabra Fundación Venezuela.

La Congregación de Hermanas Dominicas de Santa Rosa de Lima tuvo su origen en Mérida - Venezuela hace 117 años, nació en respuesta al caos económico, político y social de una situación similar a la que se vive actualmente en el país.

Las fundadoras de la Congregación fueron dos jóvenes: Madre Georgina Febres Cordero y Julia Picón Febres para responder a la pobreza y el dolor de los heridos y enfermos del único hospital que había en la zona. En Venezuela se llevan 25 obras distribuidas en 14 Colegios, 2 Ancianatos, 4 casas hogares de personas mayores y una de niñas, 4 casas de predicación o convivencias y esta Fundación S. Martín de Porres para atender a personas en situación de calle (indigentes).          

Monday, April 23, 2018

DESFILE DE LA VICTORIA


Siempre que alguien ha visto la foto, tras varios minutos de hipótesis rocambolescas ha terminado por rendirse ante la imposibilidad de averiguar lo que otean los jóvenes filósofos y teólogos encaramados a la terraza, con el exterior de la magnífica vidriera del coro como trasfondo. Las analogías surgen fácilmente: ¿la venida del Mesías?; ¿una segunda Asunción de Nuestra Señora?; ¿la reaparición del “In hoc signum vinces” sobre el Puente Milvio a la entrada de Roma, en este caso sobre la N-1 a la entrada de Matritum?. La imagen se ha ido deteriorando con el paso de los años, los bordes han pasado de amarillos a un blanco amenazador y si la informática no lo remedia, la solución química original disolverá el rojo de los ladrillos con los inmaculados hábitos de los estudiantes. En la nada o en el más allá. ¿Quién sabe? Los procesos químicos como paráfrasis de la vida eterna.

Debe ser poco antes de mediodía por las sombras que apuntan todavía hacia el oeste, sol, pues, hacia el sureste geográfico, jornada de moderado calor o, quizá de abnegada obediencia, ni uno sólo de los religiosos se ha despojado de sus hábitos, sí, de los que hacen al monje. Como mucho, un par de hermanos se han echado el escapulario entre pecho y espalda, que suele decirse. Quizá no tanto para aligerar la canícula cuanto, sospecho, acaban de saltar desde la ventana de la Sala de Comunidad sobre la terraza y así evitar los tropiezos, dado que el escapulario tiene la tendencia a enredarse entre las extremidades inferiores: peligro de caída a lo poco que queda del Jardín Japonés. El sol luce en todo su esplendor, aunque no muy fuerte, ya que sólo Dámaso y el P. Paniagua se protegen con la palma de la mano. El resto de fotografiados no parecen sufrir con sus destellos. ¿Mayo en Madrid? ¿Quizá principios de junio?

Entre los padres (futuros), Juan Carlos Martínez, Santiago Sáiz y Julián, al único que con su bonhomía tan habitual como su despiste parece traerle sin cuidado escrutar ojo avizor el horizonte. Y entre los futuribles, que nunca llegaron a comer huevos o han dejado de comerlos: Hierro, Oscar Mendoza, Javier Morcillo, Alfonso Aguado. Por la presencia de estos últimos, un curso inferior al nuestro y que aguantaron la disciplina y la profesión simple por escaso tiempo es deducible que debemos estar en 1976. Convento de San Pedro Mártir. Alcobendas. Por banal y prosaico que parezca, los jóvenes aspirantes a teólogos están contemplando el veloz vuelo de los gloriosos cazas de la real e invencible Fuerza Aérea de España, en aquellos años dotada de Mirages gabachos. La Avenida de Burgos, 208 era la continuación geográficamente recta, o casi, del Paseo de la Castellana que sobrevolaban raudos, dejando estelas con los colores de la bandera española, los avezados pilotos del glorioso ejército español.

Sin embargo, nuestra presencia no tenía nada de patriótica, era mera curiosidad en la mañana dominical, antes o después de la misa de doce. Debe ser uno o dos años después de la muerte de Franco y a pesar de la ebullición que había en el siglo, más aún en la capital de todas las Españas, tan cercana y a la vez tan alejada de nuestro claustro, nuestra formación política era inexistente, qué digo inexistente, nula. Habíamos pasado el filtro, para la mayoría una carga obligada pero llevadera, tanto en Arcas Reales como en Ávila de F.E.N (Formación del Espíritu Nacional) donde –aparte de lo aburrido de los libros de texto- se glosaba heroicamente la importancia de los sindicatos verticales y el sueño imposible de la España una, grande y libre. Al menos, imposible para la percepción que del sueño tenían muchos de nuestros profesores, educados en el fervor de los años posteriores a la Cruzada. Años en que el palio, la mitra y la espada conformaban una unidad indisoluble. Aparentemente.

Nosotros no sólo carecíamos de ese fervor patriótico, aunque tampoco lo contrario, al Caudillo y a todo el tinglado de poder, abusos y corrupción que se había creado con el paso de los años, y que a estas alturas de la década de los 70, aunque nosotros no lo percibiéramos, yacía en claro desmoronamiento. Del cual, sin embargo, no pocos de nuestros doctos profesores eran adalides y activos defensores; ítem más: nosotros estábamos en una tierra de nadie, por así decirlo, vírgenes en toda la amplitud del término: sexo, política, dinero, ambiciones, birretes y cualesquiera prebendas que el futuro nos deparase. 

¿Qué otra cosa podíamos pretender? Desde los once años en el internado, el paso por el Noviciado de Ocaña, una burbuja inescrutable, y ahora, a nuestro alrededor, con diecisiete o dieciocho años, mientras los restos de la dictadura olían cada vez más a podrido, nos llegaban tambores lejanos de un tal Isidoro vencedor en el congreso de Suresnes (¿dónde puñetas estaba eso y qué coño era un congreso?); de un Carrillo que nosotros conocíamos por Paracuellos, cuatro kilómetros a vuelo de pájaro, pillado con una peluca horrorosa y para más INRI, el día de Pascua; y un tal Suárez que, por ser de Ávila nos caía más simpático, presidiendo el Desfile de la Victoria (si es que para entonces todavía se denominaba así) que nosotros embobados y ajenos a todo lo que pasaba en la universidad, en las calles del cercano Madrid, en las fábricas de Getafe, contemplábamos esta precisa mañana de mayo.

No digo que no las hubiera, pero no recuerdo una sóla discusión política entre los cerca de cuarenta estudiantes universitarios que nosotros éramos, debates que ahora practican hasta los más ignorantes adolescentes: sobre la globalización, los errores del capitalismo o las bondades de las políticas medioambientales del Gobierno. Lo nuestro eran laberínticas disquisiciones sobre la transubstanciación (entre otras, la importancia de que el vocablo lleve o no lleve una b), debates bizantinos sobre si el uso cotidiano del incensario en la Exposición del Santísimo era pertinente o no, abstracciones metafísicas sobre las cinco vías por las que el Aquinense había probado (¡faltaría más!) la existencia divina. 

Como mucho, si de debate político pueden calificarse, conversábamos tímidamente de los nuevos movimientos eclesiales que se adivinaban en el horizonte: los ritmos carismáticos llegados del protestantismo americano, Kiko Arguello recién salido de las chabolas de Vallecas, y ecos, todavía muy lejanos, de la Conferencia Episcopal de Medellín y los primeros escarceos de la teología de la liberación.

En honor a la verdad, nuestra ignorancia y desconocimiento del magma político y social que bullía en el exterior, más que nada propiciado por una cierta inercia fruto de la comodidad con la que discurría nuestra existencia, no lo eran en términos absolutos. En realidad, era imposible, incluso estando en un convento de clausura y además el nuestro no lo era, aislarse de lo que ocurría a ocho o diez kilómetros de distancia. Por algunas rendijas se colaban los botones que valen como muestra.

Ocasionalmente, a escondidas, acudía a la Complutense, donde a escondidas iba al Cineclub para ver películas a escondidas. Tan inocentes, por lo demás, como “Hiroshima, mon amour” de Alain Resnais o “Al final de la escapada” de Jean Luc Godard. En cierta ocasión recuerdo haber salido a la carrera cuando durante un concierto de Alfonso Celdrán, cantautor protesta, según les llamábamos entonces, muy conocido en la época, mientras algunos energúmenos de extrema derecha comenzaron a aporrear y romper las cristaleras del salón donde el bueno de Adolfo desgranaba aquello de “General tu avión es muy potente puede matar, pero tiene un defecto, necesita un hombre que lo pueda pilotar, general, tiene un defecto que puede pensar, puede pensar…”

Tanto mi amigo Francisco González (Faico), que al ser obrero en una empresa calefactora de Alcobendas, daba realce a mis indefinidos intentos de implicarme con la explotada clase trabajadora, como yo, salimos corriendo por el campus a la búsqueda de la primera boca de metro que nos tragó. Pudiera ser que el paso de los años hayan convertido en carrera lo que fue un simple andar deprisa, y los cristales rotos quizá fueron únicamente gritos en voz alta. Dramatizado o no, a mis hijos les hace gracia, cuando les cuento que en 1976 yo fui, modestamente, todo hay que decirlo, un humilde héroe luchando con denodada valentía por la democracia naciente.

Como increíble les resulta, confieso que a mí, tras tantos años también, pero así eran aquellos tiempos, que el 20 de noviembre de 1975, con todos los votos encima, incluido el de la santa obediencia, apenas un año después de salir de la etérea burbuja del noviciado, barbilampiños como nosotros éramos, tuviéramos –aquello sí que fue heroicidad- los arrestos, por no decir algo más coloquial, de hacer huelga en pleno Convento de los Padres Dominicos, para festejar, ni más ni menos, que Franco había muerto. Cierto, la heroicidad duró los cinco minutos que tardaron en bajar el P. Prior y el P. Regente para conminarnos a que volviéramos a las aulas. Pero durante esos cinco minutos nosotros fuimos uno con los partidos en la clandestinidad, los sindicatos proscritos y los estudiantes trotskistas.

Addenda: aquella misma tarde, algunos de los que hicieron huelga, y no cito nombres, se agregaron de “motu propio” a las inmensas colas de gentes en duelo que circundaban el Palacio de Oriente y así rendir su último homenaje al dictador “corpore insepulto”. Nuestra ideología incipiente, inexistente e inocua nos permitía –felizmente, cabría añadir- participar en las actividades más contradictorias existentes sobre la faz de la tierra, fueran carreras por el campus universitario o engordar las filas de homenajes mortuorios, porque, en el fondo, nuestra vida discurría por una especie de sueño, irreal como todos,  donde la vida real era pura ciencia ficción.

Tuesday, April 10, 2018

ÁVILA EN MI RETINA (V), por Ángel Gutiérrez Sanz


Estudiantado en Ávila (Imagen del autor)
En Sto. Tomás hay mucha historia que contar porque los que allí  llegábamos de Ocaña además de coristas íbamos a ser también estudiantes en periodo de formación; por cierto que esa denominación de coristas por la que se nos conocía, dio lugar a  malentendidos y a alguien fue preciso aclararle que nada teníamos que ver con el mundo del espectáculo.

Por lo que se refiere a los de mi generación, estos primeros años en Ávila, pienso que fueron decisivos en cuanto a la formación filosófica dejándonos marcados, en mi opinión para bien, aunque según otros no fue así, tal como he podido deducir de su propio testimonio.

Cuando mi curso, llegó  a Ávila allá por el año 1955  el convento era un edificio lo que se dice con prosapia, plagado de arte y de historia: la iglesia , la sala capitular , el refectorio, las dependencias regias, los imponentes claustros El estudiantado era más modestito, los pabellones vetusto y destartalados, la capilla recogida e intima, la Sala  de Comunidad donde nos reuníamos era espaciosa y un poco lúgubre,  tanto una como otra  hoy destinas a alojar piezas del museo oriental llenas de valor artístico y afectivo.  

Las celdas destinadas a ser nuestro refugio íntimo eran sobrias,  y poco confortables , carecían de agua  corriente y teníamos que arreglárnoslas con un palanganero, jarrón y cubo para el agua sucia, por todo moviliario disponíamos de una pequeña librería,  baúl,  maleta o ropero algo que hiciera de receptáculo para meter allí nuestras prendas de vestir y modestos enseres personales,  una mesa, una silla, una percha  un crucifijo colgado de la pared y una cama de esas antiguas con catre de hierro y colchón de lana, sábanas y mantas cuarteleras  con una mesita de noche , un bacín y creo que eso era todo.

Ah se me olvidaba también disponíamos de una escoba. Lo recuerdo perfectamente porque la celda del P. Cabezón estaba situada en la segunda planta, justamente debajo de la mía y cuando yo armaba cualquier escándalo utilizaba el palo de la misma para  golpear el techo con cierto nerviosismo, avisándome de que eran horas de silencio. ¡ Que tortura!... 

A pesar de todo nos encontrábamos a gusto allí, dueños y señores de unos 25 metros cuadrados, entre cuatro paredes llenas de historia y tradición que habían sido habitadas anteriormente por personas que nos habían precedido y que ahora nosotros admirábamos. Además respondían a la idea de monacato  que nosotros más o menos teníamos en la cabeza, donde la austeridad y la pobreza eran ingredientes esenciales. En los dos años que fuimos huéspedes de estos aposento no escuché ninguna queja porque todos asumíamos que estábamos en un convento y no en un hotel de cinco estrellas y así es como queríamos que fuera  

Mis primeros escarceos con la Filosofía

Referente al estudiantado es preciso decir que en este tiempo estaba regido por un elenco de profesores notables, por citar a alguno mencionaré al P. Turiel , P. Cabezón,  p. Marecelino, P. Reyero, P. Luis López , P. Manolín, p. Claudio, P. Marcos  F. Manzanedo  etc. Bastante tradicionalistas, sin duda, pero con una formación sólida.  Eran los tiempos en que la metafísica  estaba agonizando aunque en España aún gozara de cierto prestigio estudiándose con todo rigor en los Seminarios y Centros de Formación Religiosa incluso en la Universidad Central del Estado donde impartía clases  el por aquel entonces  prestigioso metafísico  Ángel González Alvarez  y anteriormente lo había, hecho el P. Silvestre Sancho tan admirado por todos nosotros a quien su amigo personal el ministro de Educación Ibañez Matín le había ofrecido la catedra  de metafísica o de Ética quedándose por fin con esta última, también había sido profesor de esta universidad  el universalmente conocido Xabier Zubiri bastante vinculado por cierto a los dominicos, quien de forma complaciente, en alguna ocasión nos habría de visitar para pronunciar alguna conferencia en S. Pedro Mártir de Madrid.  

Eran los tiempos aquellos en que el convento de S. Esteban de Salamanca  se había convertido en el ultimo bastión desde donde el p.  Santiago Ramirez , el p. Royo , el p. Fraile  entre otros compañeros dominicos, resistían e intentaban repeler los ataques que venían de fuera, enredándose en una polémica que trascendió a la opinión pública.

Esto mismo se intentaba hacer modestamente en el Estudio General  Ávila de forma silenciosa. Espero no exagerar si digo que el P. Turiel consiguió contagiar su pasión por la filosofía en muchos de los que tuvimos el privilegio de asistir a sus clases, algo que sólo puede conseguirlo un profesor con personalidad como lo fue él.  

Uno de los clasutros de S. Tomás (Imagen del autor)
Recuerdo con que ardor nos entregábamos a las disertaciones y los círculos, cuanto tiempo los dedicábamos… diriáse  que vivíamos preocupados por los misterios escondidos de la filosofía  y no era infrecuente que nos enrolláramos en las discusiones metafísicas más extrañas, como podrían ser, si el Pulchrum podía ser considerado una de las propiedades trascendentales del ser o si el mundo podía haber sido creado ab aeterno y no digamos nada de la Lógica con las demostraciones, sus principios y reglas, los silogismos  con sus figuras y modos . Barbara , Celarent, Darii , Ferioque…. Nadie de los que allí estuvimos habrá olvidado  lo contundente que eran nuestras demostraciones . 

Todo hombre es racional. Yo soy hombre.  Luego… Yo soy racional. A ver el majo que  se atrevía  a rebatirlo,  era algo parecido al “cogito ergo sum” por el que , Descartes pasó a la posteridad.    Que tiempos aquellos en los que pensábamos que la filosofía y la teología lo eran todo y que el mundo giraba en torno a sus postulados.

Nuestra visión de la vida no dejaba de ser un tanto ingenua; pero bastante ajustada a nuestra circunstancia personal . Me explicaré.  Desde los tiempos de la Antigua Grecia se viene repitiendo que una de las condiciones indispensables para poder dedicarse  a la filosofía, o lo que es lo mismo a la búsqueda de la verdad, era la ociosidad, sólo al alcance de quien tenía el cocido asegurado y resueltas las exigencias  concernientes a la existencia humana , porque si no era así y tenías que preocuparte de  ganarte la vida,   si tenías que buscar algo para comer o donde ibas a dormir  entonces dificilmente podías alcanzar el segundo grado de abstracción metafísica. Esto es algo que queda bien expresado en el dicho popular según el cual. “ primum vivere deinde philosophare”. 

Pues bien la despreocupación por todas las cosas materiales era un lujo que nosotros  sí nos podíamos permitir , porque teníamos la mesa puesta y todas las necesidades cubiertas, por lo tanto  podíamos dedicarnos tranquilamente y por entero al ejercicio de la filosofía y estar solamente  atentos al toque de campana que nos avisaba de cuales eran nuestros tiempos sin mayores complicaciones  . Así las cosas no es nada extraño  que a la filosofía la colocáramos en  el centro de la vida e hiciéramos de ella la actividad más importante del mundo, lo que sin duda venía a ser  un caso más como otros tantos de deformación profesional .

Aula Magna, Santo Tomás, Ávila (Imagen del autor)
No hace falta decir que la orientación filosófica que recibimos estaba enmarcada en el tomismo -aristotélico lo cual no deja de ser congruente,  lo insensato hubiera sido lo contrario, la cuestión estaba en no violentar a unas mentes vírgenes que iniciaban su búsqueda hacia la verdad sometiéndoles a una disciplina férrea que les condujera a  un posicionamiento impermeable puro y duro, poco integrador y muy exclusivista, porque entonces estaríamos hablando más de adoctrinamiento que de auténtica formación. El Aquinatense nunca  le gustaron las posturas cerradas  y el mismo fue un rebelde que tuvo que romper muchas resistencias para abrir nuevos caminos del pensamiento. Con la amplia perspectiva que va marcando el paso del tiempo, uno se fue dando cuenta que la verdad es poliédrica y que tiene muchas aristas, por lo que  resulta contraproducente jugárselo todo a una carta  y es aquí a donde yo quería llegar. 

El aristotelismo de corte tomista  a mi siempre me aparecido  y me sigue pareciendo un sistema respetable que debe ser valorado en su justa medida, pero Aristoteles no es el único pensador ni con él se acaba la filosofía.  La atención preferente que sin duda merece su gigantesca personalidad    es compatible con el estudio de otros grandísimos pensadores que bien podían habernos enriquecido  con sus aportaciones y esto es algo que  desgraciadamente no siempre se tuvo en cuenta afectando negativamente a esa madurez intelectual que en el mejor de los casos  habría de llegar, pero  con retraso.  No era serio por ejemplo que ante cualquier propuesta filosófica que no se ajustara a los supuestos aristotélico-tomistas tuviera por  todo comentario  el famoso “¡ Oh  magna aberratio!”

A parte de las lagunas existentes en nuestra formación filosófica, que sin duda las hubo, es justo reconocer que fuimos entrenados convenientemente en todo lo que se refiere a  solidez y rigor en los juicios, ejercitándonos eficazmente  en las exposiciones sistemáticas y bien ordenadas. Nos enseñaron a diferenciar las apariencias de la realidad , lo esencial de lo accidental, los términos de los conceptos , en una palabra, a separar la paja del grano, por eso no es fácil que hoy nos dejemos engañar por los sofistas de turno, estando lo suficientemente preparados como para que no nos metan gato por libre. 

Nunca agradeceremos como merece  los cimientos que nos prestaron desde los cuales hemos podido construir una personalidad equilibrada y estable que nos permite afrontar las turbulencias de los tiempos presentes . Después de que nuestro mundo haya pasado por una crisis profunda de  valores y de pensamiento  en tampoco tiempo , después de haber llegado a una posmodernidad  relativista y vacía de contenido es el momento de tirar de aquellos principios esenciales que aprendimos hace más de medio siglo en el Estudiantado de Filosofía de Sto. Tomás de Ávila.

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LOS AÑOS PASADOS CON MIS COMPAÑEROS DOMINICOS




Un año de prueba en Ocaña (IV)


Friday, March 16, 2018

LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS APOYA LA ESCUELA DE HATO-UDO, EN TIMOR ESTE, REGIDA POR COMPAÑEROS DE ESTUDIOS


Desde Enero del 2013, los padres dominicos pertenecientes a la Provincia de Nuestra Señora del Rosario, dirigidos por el P. Rubén Martinez O.P., se han responsabilizado de la cuasi- parroquia Nuestra Señora de Lourdes de la zona denominada Hato-udo, distrito de Ainaru, en Timor Este, que comprende a varias aldeas con una población aproximada de 12.000 habitantes, en su mayoría de religión católica.

Dicha cuasi-parroquia regenta, asimismo, una escuelita infantil, una escuela primaria y otra escuela pre-secundaria. Los dominicos encontraron dicha escuela en una precaria situación, por lo que decidieron comenzar inmediatamente la remodelación y construcción de nuevos edificios amén de atender la enseñanza que se impartía en dichos centros.

La escuela primaria se encontraba en condiciones muy malas, con una cocina en ruinas y sin baños, que se remodeló completamente. Se construyó, además, una escuelita infantil. Un salón que estaba a punto de derrumbarse se remodeló para hacer 5 clases para los jóvenes de pre-secundaria y sala de dirección. En este [ENLACE] se puede ver una secuencia completa de las nuevas edificaciones y de los alumnos en las nuevas instalaciones.

Al mismo tiempo se vio la necesidad de abrir la sección de secundaria para que los estudiantes dejaran de caminar dos horas para llegar a la escuela secundaria pública que además ha cambiado su propósito para convertirse en escuela técnica profesional.

Tras muchas dificultades, la sección de secundaria abrió sus puertas a estudiantes pero usando las clases de la sección de pre-secundaria.

Después con ayudas y donaciones venidas de distintas partes del mundo se han conseguido construir 6 nuevas clases para ellos.

La Asociación de Antiguos Alumnos ha colaborado con 2.330 euros que serán usados para pagar una parte de los salarios de los profesores a lo largo del presente año, así como para comprar algunos pupitres.

En la actualidad, unos 60 niños de infantil, 60 niños de primaria, 150 niños de pre- secundaria, y unos 200 estudiantes de secundaria reciben educación en dicha escuela católica, donde dos padres dominicos, uno procedente de Venezuela (P. Gerson Javier Nieto Flores) y uno procedente de China Continental (P. Pius Wang) se responsabilizan de su educación y de que la escuela sobreviva, ya que solo en parte los salarios (unos 100 euros al mes) de los profesores son pagados por el gobierno timorense. En la actualidad, ninguno de los 13 profesores de la sección de secundaria recibe salario estatal, por lo que se hace necesario recibir donaciones para poder pagar sus servicios.

Tuesday, February 20, 2018

LA MEJORADA: TOMANDO POSESIÓN (VII), por Faustino Martínez


La Mejorada entre viñedos (Fotografía del autor)
A la mañana siguiente un fuerte y atronador timbre que tenía encima de la puerta, casi sobre mi cabeza, me despertó. Al abrir los ojos creí que estaba en mi casa de Llastres. ¡Pero la realidad era otra!. ¡Estaba en aquel inmenso dormitorio de 150 camas!. Tenía que darme prisa para lavarme, vestirme para formar filas y bajar para la oración y la misa de cada mañana. El timbre había tocado a las 7, muy temprano para mis costumbres. Todavía estábamos en tiempo de vacaciones, pero a partir del día 1 de Octubre el timbre sonaría a las seis y media de cada mañana.

Un leve murmullo que se parecía más a un lamento recorrió el dormitorio superior donde nos levantamos los 150 niños para desperezarnos y lavarnos la cara en los limpios lavabos del dormitorio corrido, tras una larga hilera en la que esperábamos nuestro turno.

Al despertarme no lloré, pero algunos chicos comenzaron a llorar. Me dispuse a afrontar valientemente la realidad en la que ya estaba sumergido. Con pereza y muerto de sueño me dirigí a lavarme a los lavabos comunes. Había cola. Observé que en las camitas más próximas a los lavabos estaba un grupo de chicos que eran todos de la provincia de Ávila. Por su proximidad a los lavabos ya estaban aseados antes que todos los demás. Allí permanecían sentados y vestidos, con las sábanas recogidas y el colchón dispuesto para airearse. Los demás, adormilados, guardábamos cola para echar un poco de agua por nuestro rostro.

Al llegar de vuelta otra vez a mi cama para recoger las sábanas y dejar el colchón libre y en disposición de poder airearse noté un fuerte olor a orina.  Me dí cuenta que mi inmediato vecino de la cama que estaba a mi derecha, un chico de Burgos, se había hecho pis. Aquel olor era insufrible al igual que el llanto reprimido que expresaba mi desconsolado compañero burgalés.

Al cuarto de hora de levantarnos ya estábamos en filas al lado de nuestras respectivas camas. El fraile que estaba al cuidado de la disciplina y del orden de nuestro dormitorio abrió una gran puerta que estaba a dos metros, a la izquierda de mi cama, y descendimos por las escaleras de madera hacia la Capilla. El silencio era sepulcral sobre el que resaltaban las pisadas de trescientos chicos. Teníamos que fijarnos, caminando unos detrás de otros, para no tropezar en el descenso. Algunos íbamos medio dormidos. Yo me acordaba de los de mi casa pues aquello era muy distinto de lo que yo me había imaginado. El cambio, en menos de veinticuatro horas había sido tremendo. La libertad y el calor de mi casa, de mi familia y del pueblo de Llastres por donde yo me movía como un “gaviotin” libre, feliz y sintiendo el arropamiento de los mios, habían desaparecido.

El silencio seguía envolviéndonos a todos. Entramos en la capilla, cada cual a su sitio, nos arrodillamos y comenzaron las oraciones de la mañana. Terminado el rezo un fraile apareció en el Altar para oficiar la misa en latín y de espaldas. Uno de los chicos mayores, de un pueblo de Ávila y apellidado Barcala, situado de pie en medio del pasillo de la capilla, leía un misal en español con las oraciones y lecturas que el fraile oficiante decía en latín. Así nos enterábamos un poco. Era como un traductor simultáneo. En el momento de la Comunión iban saliendo a comulgar todos los chicos en fila según los bancos en que estábamos situados, unos detrás de otros. Nadie se exceptuaba.

A mitad de la misa me sorprendió la figura majestuosa de un hombre, que avanzaba, pasillo adelante, vestido de blanco como los dominicos, con una enorme barba tirando a rubia que mesaba con sus manos, calzando unas babuchas silenciosas y un crucifijo que pendía en su cuello de una enorme cadena. En su cabeza ostentaba un capelo rojo, como el que llevan los Obispos. ¡Era la figura del Arzobispo de Foochow (China) que residía desde hacía poco en La Mejorada y que había sido expulsado de China por los comunistas de Mao Tse Tung!. Aquella majestuosa figura del Arzobispo Monseñor Teodoro Labrador siempre nos impresionaría avanzando hacia la sacristía para revestirse y oficiar su propia Misa. Curiosamente me llamó la atención que, mientras un fraile oficiaba la misa para todo el Colegio, a su lado, izquierda, derecha y en el interior junto a la sacristía habían habilitado sendos altares donde simultáneamente decían misa, cada cual la suya, otros profesores. El Concilio Vaticano II tardaría todavía en llegar.

Me sorprendió de forma agradable ver cómo en los momentos del Ofertorio y de la Comunión un padre dominico, llamado Pedro Regino Borregón, iniciaba cánticos religiosos para esos momentos y que todos los colegiales secundaban. Nosotros, los recién llegados, los iríamos aprendiendo de memoria según pasaran los días. A pesar de los cánticos entonados por cerca de trescientos chicos, algunos de mis compañeros se quedaban dormidos cuando nos sentábamos en ciertos momentos de la misa. Las cabezadas y el desplazamiento de sus cuerpos sobre los que estábamos al lado eran evidentes. Siendo notorio la pérdida del control de la cabeza y cuerpo de los adormilados, un fraile que lo observaba desde la parte de atrás de la capilla, se aproximaba hasta los afectados sacudiéndoles sus hombros para que se espabilasen. A mi la somnolencia ha sido siempre una debilidad, pero no llegué nunca a dormirme en aquellas misas, por lo que me pellizcaba para evitar que me llamaran la atención.

Terminada la misa, en riguroso orden, en fila, brazos cruzados y en silencio absoluto nos llevaron por el jardín interior hasta el comedor a desayunar. Mientras yo me descubría a mi mismo en aquella formación, brazos cruzados y en riguroso silencio, no dejaba de sorprenderme por toda aquella disciplina que contrastaba con el mundo de Llastres que había dejado atrás hacía veinticuatro horas.

Me di cuenta de un fenómeno que me entretenía cuando íbamos en filas por todo el colegio. Además de fijarme en el calzado, en la ropa de cada cual de los que iban delante de mi, descubrí que los pantalones de pana negra que llevaban los chicos castellanos de mi curso, emitían un zumbido especial en el roce de sus piernas al andar. Aquel zumbido de los pantalones de pana marcaban el paso casi de forma marcial. Según pasarían los días fui dándome cuenta de que los que llevaban aquellos pantalones de negra pana hasta casi sus tobillos eran chicos de la provincia de Zamora, de la zona del rio Tera. También había algunos de la provincia de Avila y de Cuenca con el mismo estilo de vestimenta.

Balcones en una de las alas del edificio (Fotografía del autor)
No entendía lo del silencio pues me daban ganas de interesarme por los compañeros que tenía a mi izquierda, derecha y en frente. ¡Pero estaba prohibido hablar!. En Llastres los chicos hablábamos confiadamente de forma natural. No me cabía en la cabeza el por qué de tanto silencio. En el salón de estudio y en las clases así como en la capilla tenía su razón de ser, pero en las filas, en el comedor, en el dormitorio no me explicaba la obsesión por el cumplimiento de aquella norma.

Llegado el desayuno y la correspondiente oración nos sentamos en silencio a desayunar. La morriña y la desgana todavía me envolvían. En una taza de porcelana nos fueron sirviendo los chicos mayores, cuyo turno de semana era servir en el comedor, un líquido blanco que se parecía a la leche tan solo en el color. Lo intenté saborear y no pude continuar. Sabía a cualquier otra cosa menos a la leche a la que yo estaba acostumbrado de las vacas de mi tío en Lluces. El pan que nos pusieron continuaba percibiéndolo duro, frio y pasado de día. No desayuné. Ya llevaba un día entero sin comer, sin cenar y ahora sin desayunar. ¡Pensaba que si me viese mi madre no lo soportaría!. Pero no tenía hambre. No me entraba nada debido a la morriña y a la presentación y gustos inéditos de lo que se me ofrecía como comida.

Salimos del comedor y nos dirigimos en filas y en silencio a nuestros respectivos dormitorios para hacer las camas. Allí hice por segunda vez mi cama acordándome de las instrucciones que me había dado mi madre. Me salió muy bien y puse la colcha con todo el esmero que ella solía hacerlo para que quedara muy guapa cubriendo la cama. Extraje mi maleta de debajo de la cama y al abrirla me volví a “encontrar” con mi madre. Seguía todavía vestido con la misma ropa que había traído y saqué un par de alpargatas de gruesa suela de goma que nos habían pedido que trajéramos para hacer deporte. Después de hacer la cama en silencio, descendimos. Yo bajé mi par de alpargatas marcadas en lugar bien visible con el 45-B. Llegados a la galería nos indicaron un lugar adosado a los gruesos muros de la misma para que depositáramos en el suelo nuestro par de alpargatas para usarlas cuando fuéramos a jugar o de lo que llamaban “paseo largo”.


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